La urgencia de un centro político

Las sociedades democráticas necesitan que su electorado y sus representantes se ubiquen en el centro político para mantenerse sanas, y con ello me refiero a que así no sufren de la inestabilidad propia de los gobiernos radicales.

El centro político abarca al menos cinco virtudes en democracias representativas: i) moderación, ii) equilibrio, iii) acuerdo, iv) mayoría, v) estabilidad y vi) adaptabilidad.

La moderación es una virtud porque parte de la premisa de no poseer una verdad absoluta, suficiente como para establecer una ley con efectos en el corto y largo plazo y a una gran cantidad de población. La moderación es la mesura en las decisiones, y la mesura es una cualidad de la prudencia, virtud política que permite conservar el poder durante más tiempo, en la medida en que no se toman decisiones de alto riesgo, es decir, no se es temerario, como lo son aquellos que se ubican en los extremos, y son capaces de dar su vida por aquello en lo que creen. Esto no quiere decir que sea imprudente tener una convicción, sino que ella debe incluir el estar abierto al diálogo capaz de reconocer características positivas en las propuestas o críticas del adversario político, e incluso, tener la capacidad de formar alianzas con ellos, e idealmente, acuerdos. La moderación permite todo esto, y al mismo tiempo, educa a la población entorno a una cultura democrática y racional.

El equilibrio es otra de las virtudes que permiten las democracias representativas, en cuanto significa que todas las coaliciones políticas que tengan capacidad de negociación en una toma de decisiones "X" pueden llegar a un equilibrio "Y" de ganancias, dentro del cual nadie habría podido tomar una decisión distinta, a riesgo de perder todas sus ganancias. A este equilibrio se le llama equilibrio de Nash, o juegos de cooperación. Por ejemplo, en el caso del aborto, podríamos formar el siguiente modelo:

Supongamos que hay tres coaliciones. Cada cual representa el 33% de la población de una nación, y cada uno defiende una de las tres posiciones generales dentro del debate del aborto. Estas posiciones son: i) aborto libre, ii) aborto tres causales, iii) aborto penalizado. Ahora bien, en los resultados de la votación legislativa pueden surgir tres escenarios, de los que cada uno va a beneficiar en mejor o peor forma tanto al actor en particular como al conjunto total de la población al que influyen las decisiones de las coaliciones. Si los sujetos cooperan, todos podrán percibir ganancias. Si éstos compiten, uno puede obtener más beneficios en particular, pero a costa de negarle réditos a otros. En este sentido:

Si los jugadores cooperan (causales), el total de ganancias percibidas por el público es de 140. Si no cooperan y votan aborto libre, excluyendo los intereses de los otros partidos, el público que se identifica con la decisión aborto libre sentirá la satisfacción de 100, pero quienes sólo están de acuerdos con causales pueden estar algunos de acuerdo y otros muy en desacuerdo, mientras que quienes desde un principio se oponían no obtendrán ninguna satisfacción con este triunfo. Así, aumenta su bien particular, pero perjudica al resto, siendo el total de ganancias totales percibidas por la suma de los individuos inferiores a lo que habrían obtenido si hubiesen cooperado, o llegado a un acuerdo que conciliase las posturas que quieren un aborto libre y quienes quieren que sea ilegal, esto es, el aborto bajo ciertas causales regidas por un criterio imparcial, tal como el de la biología.

Por lo tanto, los sistemas políticos que promueven la cooperación entre los actores tienden a la búsqueda de equilibrios entre los jugadores, y esto se traduce en prácticas de negociación y acuerdos que incrementan las ganancias totales del conjunto en general.

Así, llegamos al acuerdo, que representa la síntesis de posiciones contrarias en una nueva que abarca las partes comunes y esenciales de cada una. En este sentido, el acuerdo representa la racionalidad suprema de un momento político, y que establece una verdad temporal sobre lo que debe ser permitido y prohibido para mantener cierto nivel de libertad en sociedad. El acuerdo es un momento de reconocimiento de la posición contraria, es un ceder a la diferencia, es asumir la convivencia política. En otras palabras, el acuerdo es la unión del tejido social en una sola voluntad, que a la vez conforma un solo relato del hecho, pues hay acuerdo. Cuando no lo hay, entonces no hay una sola racionalidad para interpretar algo, sino múltiples y con distintas legitimidades, no hay verdad sobre el hecho, y está en constante determinación, ni tampoco hay reconocimiento de las posiciones, sino que las discusiones generalmente tienden a monólogos y la repetición de un casete, y las voluntades buscan imponerse unas sobre otras, sobre cuál debe ser la verdad de cada cual.

El acuerdo tiene la capacidad de agrupar, de sumar y, en este sentido, alcanzar a una mayor cantidad de personas. Los grandes acuerdos representan la validez sobre la identificación de un problema dado, y una solución que todos observan como válida. Así, el acuerdo legitima y da estabilidad a las decisiones, sobretodo si son acuerdos entre mayorías. Esto se debe a que, entre más personas sean parte del acuerdo, podemos indicar que hay más intereses contemplados en aquello sobre lo que se discute. Por ejemplo, si en el ejemplo del aborto no se hubiese colocado el interés del partido "aborto libre", quizás la posición de equilibrio del modelo hubiese sido una causal de tres. En este sentido, la búsqueda de acuerdo no se refiere a un grupo homogéneo que tiende a pensar de un modo cerrado, sino a uno diverso, compuesto por personas de distintas opiniones, pero que están interesadas en intercambiar conocimientos, ideas, ejemplos, casos, o al menos, éste debiese ser el escenario de una cultura democrática e ideológicamente centrípeta.

Por último, el centro es necesario porque da estabilidad: dado que hay acuerdo en las decisiones, además de que se comparten responsabilidades sobre ellas, benefician a cada parte del grupo, y por lo mismo se mantiene estable en el tiempo. Si bien algunos pueden seguir exigiendo avanzar sobre el tema, generalmente serán minorías radicalizadas, pues para el ciudadano de centro, común y corriente, el tema ya estará zanjado, pues el acuerdo contemplará la decisión más racional en la medida en que tenga la mayor diversidad de posiciones. En este sentido, tiende a homogeneizar las diferencias de posición en una, no le quita su identidad a la diferencia que fue racionalizada en el centro, sino que justamente el hecho de que esta desigualdad exista permite que se pueda producir una etapa superior en la razón, que aparece cuando se enfrenta con otra, combatiendo con sus mejores argumentos para la toma de decisiones y así colocarse por sobre su posibilidad contraria. En esta etapa, donde se expresan las diferencias, al enfrentarse y mostrarse las cartas entre sí, el observador puede tomar las mejores de cada cual, y así formarse un criterio sobre qué es lo mejor para todos, lo que, por lo general, tiende a ubicarse en una posición intermedia, moderada, sin extremos ni arriesgando a la población a situaciones de inestabilidad política.

En conclusión, necesitamos un centro político capaz de articular posiciones contrarias en una nueva, y la única ideología apta para la tarea anterior, es el liberalismo, pues el resultado de sus instituciones son estructuras adaptables en el tiempo según el vaivén de los representantes, sin por ello poner en riesgo las funcionalidades que le corresponden a cada una, y satisfaciendo la mayor parte de los intereses poner en juego.


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