Lo que la prensa olvidó decir del nobel de economía

Romer sentencia que "para que cada cual pueda vivir donde quiera, es necesario que las ciudades compitan entre ellas para atraer ciudadanos".

Cuando se anunció la entrega del Premio Nobel de Economía a Paul Romer, los medios de comunicación nacionales sólo se concentraron en la cuña respecto al Banco Mundial y la supuesta alteración de un indicador durante el gobierno de Bachelet. Sin embargo, no repararon en que este premio Nobel es un economista liberal a favor del capitalismo y sistema de producción económica al estilo del padre de los Chicago Boys, Milton Friedman.

Tal como Friedman y Hayek, el último ganador del Nobel de Economía promueve la idea de que los mercados descentralizados son la mejor alternativa para el desarrollo. En efecto, Romer demuestra en algunos de sus artículos que las restricciones al intercambio (trade restrictions) perjudican la innovación, la aparición de nuevos bienes, la inversión y las actividades productivas desde el extranjero.

Pero más allá de eso, su idea revolucionaria consiste en la necesidad de fundar muchas ciudades nuevas en países en vías de desarrollo, a través de un convenio especial entre naciones.

La urgencia de ello radica en que los países desarrollados son naciones con una alta tasa de migrantes, quienes por necesidad abandonan a su familia, amigos y patria, en busca de más oportunidades y una mejor calidad de vida. Por ejemplo, aproximadamente 700.000 personas al año abandonan América Latina para viajar a Estados Unidos en busca de una mejor vida.

Una experiencia ejemplar fue el proceso de apertura gradual iniciado en China post 1950, una vez quedó en evidencia el éxito económico del modelo de desarrollo basado en un mercado abierto de Hong Kong.

Entonces, Romer se pregunta ¿Cómo facilitar el acceso a las oportunidades que ofrecen los países desarrollados a los habitantes de esos países en vías de desarrollo, de modo que no deban necesariamente abandonar sus tierras? Siendo la respuesta: por medio de ciudades bajo un estatuto especial. Para ello, es necesario que el país subdesarrollado acuerde con otro Estado -previa deliberación y votación de los representantes- el establecimiento de "charter cities", esto es, ciudades bajo un sistema de reglas particulares para cierta zona geográfica de la nación donde se construya la nueva ciudad, y que aquel espacio sea administrado y gestionado por un país desarrollado.

La idea principal es que esta dinámica se lleve a cabo no una vez, sino las necesarias para que, idealmente, todas las personas del planeta puedan elegir donde vivir, ya que las ciudades necesariamente tendrían que competir entre ellas para atraer ciudadanos. Así es: Romer sentencia que para que cada cual pueda vivir donde quiera, debe haber un escenario tal que las ciudades compitan entre ellas para atraer nuevos residentes. De ahí que los Estados deban permitir la entrada de nuevos actores interesados en invertir y crear bienes, y, por ende, las charter cities deben atraerlos con bajas barreras de entrada.

Esta idea sería factible, plausible y deseable. Factible, pues el valor de una ciudad es superior al costo su construcción. Plausible, ya que es una inversión rentable. Deseable, debido a que ayudaría a disminuir el déficit habitacional y la migración por necesidad que vive el mundo.

Para su establecimiento, primero, los gobiernos deben establecer "zonas de reforma" lo suficientemente grandes como para contener charter cities. Luego, deben determinar un sistema legal compatible con un sistema jurídico externo, atraer diseñadores y urbanistas interesados en la construcción de ciudades, lograr financiamiento y, lo más importante, atraer residentes.

Una experiencia ejemplar fue el proceso de apertura gradual iniciado en China post 1950, una vez quedó en evidencia el éxito económico del modelo de desarrollo basado en el mercado abierto de Hong Kong. Dado el rápido crecimiento de la región, se crearon zonas especiales con reglas similares, donde las empresas extranjeras podían ir e invertir libremente en la producción de bienes y servicios. Después de cuatro zonas especiales, catorce ciudades costeras se abrieron del mismo modo, y con el tiempo el mercado de toda China adoptó la misma estrategia.

En conclusión, más allá de la caricatura que intenta establecer la izquierda sobre los mercados abiertos, las sociedades dispuestas a la entrada de nuevos competidores en materia de inversión, bienes y servicios -tanto a nivel nacional o particular en charter cities- pueden mejorar sustancialmente la calidad de vida del mayor número de habitantes, dando solución a uno de los problemas esenciales de la humanidad, tal como es el déficit habitacional. Nuevamente, queda en evidencia que la colaboración pública privada es un requisito fundamental para la superación de los problemas transnacionales ligados a la carencia de recursos básicos.