La conquista de América y el liberalismo

Así, y en armonía tanto con el liberalismo como con el capitalismo, el primer título legítimo que Vitoria reconoce tanto para los pueblos originarios como para Castilla, es el de la sociedad y comunicación naturales, que se refiere a la comunicación entre los hombres en razón de que los bienes son escasos y, por lo tanto, los hombres tienen derecho a intercambiar sus bienes unos con otros, constituyéndose como un derecho que nadie puede pasar a llevar: he aquí el mercado. 

Se ha dicho en reiteradas ocasiones que la matanza y apropiación de las tierras de los indoamericanos ha sido culpa del capitalismo. Para aquellos que sostienen esta postura, les tengo malas noticias: el encuentro entre estos dos mundos fue en 1492 (siglo XV), cuando aún siquiera existía ni el capitalismo ni el liberalismo. De hecho, el padre del liberalismo (John Locke) pertenece al siglo XVII, y la revolución francesa, que dio paso a la absolución de las monarquías, ocurrió en 1789 (siglo XVIII). Si bien había campañas privadas que realizaban expediciones y esclavizaban a nuestros pueblos originarios, el sistema económico de aquel periodo no era el capitalismo, y el sistema político no era el liberalismo. Al contrario: el liberalismo es  la revolución frente a la monarquía y el absolutismo, donde no había movilidad social, es decir, nadie que naciese pobre podía morir rico o viceversa, y nadie que no perteneciese a la sangre noble podía ejercer poder político u ocupar algún cargo.

Libertas vero nullo tempore praescribi potest (la libertad es un derecho imprescriptible) - Bartolomé de las Casas

Para ser más claros: no tiene nada que ver el genocidio que hubo en la hoy nombrada América Latina con el capitalismo ni tampoco con el liberalismo. Es más, las posturas más cercanas al liberalismo sirvieron a los intereses de los pueblos originarios y su patrimonio, en cuanto: i) los reconocía como seres dignos y racionales: como fines en sí mismo; ii) dueños de su propiedad privada: sus cuerpos, su trabajo y sus tierras; iii) reconocía a sus religiones como legítimas, a pesar de caer en la antropofagia, el aborto, la homosexualidad y los sacrificios humanos, iv) como también reconocía la soberanía de sus propias autoridades sobre sus súbditos. La disputa sobre estos temas se conoce como "el problema de los justos títulos" o las "polémicas de Indias" en referencia al cuestionamiento sobre si era o no legal, en nombre de la justicia, que Castilla se ubicara en las Indias (ocupase las tierras), hiciese la guerra (ocupase la política) y esclavizara aborígenes (ocupase los cuerpos). Por ejemplo, una de las tantas violaciones a la propiedad privada se debe a que, uno de los títulos invocados por las expediciones, legitimaban al descubridor de tierras a adquirir el dominio sobre ellas. Esto se debe a que quienes invocaban los títulos suponían que la tierra que estaba allí era tierra de nadie (res nullius), o bien, que sus propietarios habían perdido el derecho sobre sus tierras al cometer crímenes contra natura como la antropofagia, etc. Frente a este escenario es donde surgen las posturas más cercanas al liberalismo, expresadas por el Fray Bartolomé de las Casas y Francisco de Vitoria.

Fray Bartolomé de las Casas (1474-1556) sugería que la evangelización que se realizaba en américa no tenía que ser impuesta, sino de carácter voluntario, por ende, la predicación no podía ser desde la guerra ni las armas, sino desde las palabras y la caridad, esto es: desde la influencia. La persuasión de Bartolomé de las Casas fue tal que incluso Carlos I -Rey de España entre 1516 y 1556- llegó a considerar abandonar Perú.

Fue durante este mismo periodo en que otra figura cercana al liberalismo, como lo fue Francisco de Vitoria (1486-1546), aparece para reforzar los argumentos del Fray. Cuestionando los títulos esgrimidos por las expediciones, Vitoria argumenta que cometer pecado no priva de la libertad ni de los bienes; que los nativos no eran seres irracionales pues poseían ciudades que requerían orden e instituciones de matrimonios, magistrados, señores, leyes, artesanos, mercados, "todo lo cual supone uso de la razón." También, rechaza el título del papa para ejercer el poder sobre estas tierras, ya que él no es el señor civil de todo el orbe, y por lo tanto no tiene potestad sobre los infieles ni los indios. Así, y en armonía tanto con el liberalismo como con el capitalismo, el primer título legítimo que Vitoria reconoce tanto para los pueblos originarios como para Castilla, es el de la sociedad y comunicación naturales, que se refiere a la comunicación entre los hombres en razón de que los bienes son escasos y, por lo tanto, los hombres tienen derecho a intercambiar sus bienes unos con otros, constituyéndose como un derecho que nadie puede pasar a llevar: he aquí el mercado.

Ni Fray Bartolomé de las Casas ni Francisco de Vitoria se autodenominaron liberales, sin embargo, es posible encontrar entre sus predicaciones la profunda causa que defiende la libertad como ausencia de coacción de un tercero. Si bien para ambos la libertad está en Dios y la que consideraban la verdadera religión, ninguno de ellos promueve que esta forma en particular de ser libres debiese ser impuesta, por lo que defendieron la ausencia de coacción de un tercero sobre la dignidad y propiedad de nuestros antepasados. Es un hecho lamentable que sus palabras, al final de cuentas, no fuesen tomadas en cuenta ni por las expediciones ni por el papado, dando paso a la apropiación de las tierras y la esclavitud.